"Años atrás, cuando estaba en Secundaria, fuimos de viaje a Leningrado (hoy en día San Petersburgo). En una tienda de curiosidades encontré un folleto de dos páginas con el dibujo de un tanque que no supe reconocer, y acabé comprándolo por veinticinco centavos. Lo dejé olvidado por ahí hasta el año pasado, cuando tuve en casa a una persona versada en lengua rusa, y le pedí que me tradujera el folleto. Era un ejemplar de un boletín de noticias de la fábrica de Kirov fechado en 1947, en el que un antiguo empleado relataba la historia del Taller 23B. Parece que, hacia la época del ataque alemán sobre Leningrado en 1941, dicho taller, que se encargaba de producir carros pesados KV-1, en un determinado momento se quedó sin motores diesel para sus tanques."
"El personal de la factoría se puso histérico, pues se sabía de otros talleres que, al quedarse parados por un motivo u otro, habían sido desmontados y facturados a los Urales, mientras que al personal se le había enviado al frente. Esa misma tarde, el gerente mandó a varias partidas de empleados a dar vueltas por ahí la búsqueda y captura de motores diesel, por las buenas o por las malas. El motor más grande que encontraron provenía de un vehículo de mantenimiento del tranvía de Leningrado. Después de cuatro cálculos rápidos, se dieron cuenta de que el motor era de demasiado poca potencia para un KV-1, así que el capataz hizo reducir de peso el modelo de tanque que tenían en producción, quitándole blindaje y todos los accesorios que se pudiera, pero incluso estas medidas eran insuficientes para aligerar el KV-1 lo suficiente."
"Parece ser que, mientras estaban atareados haciendo pruebas, se acercó holgazaneando por allí un aprendiz, que, al ver lo pequeñajo que quedaba el motor dentro del cavernoso compartimiento posterior del KV-1, soltó a modo de chanza que Como no cortemos el tanque por la mitad..."
"No es que pareciese muy buena idea, pero la gente del taller estaba desesperada, así que, después de cuatro cálculos rápidos más, acortaron por lo sano el tanque, cortándole el compartimiento destinado al motor y soldándolo de nuevo. La cosa terminó con el compartimiento del motor directamente debajo de la torreta, pero, como a ésta se le había quitado previamente el motorcillo rotor, se las pudieron ingeniar para habilitar un cubículo para los tripulantes de la torreta. Durante la larga semana que duró la experiencia, a alguien se le ocurrió el jocoso nombre de KV-½."
"Después de una semana de hercúleos esfuerzos, el tanque estuvo listo y lo llevaron al campo de pruebas, a ver qué pasaba. Descorazonador: incluso después de todas las reducciones de medidas y peso, el rendimiento del motor seguía siendo insuficiente: pequeñas pendientes bastaban para ahogarlo, y cada cañonazo que atizaba el tanque amenazaba con hacerlo volcar. Para mayor desgracia, el hecho de que la factoría produjera solamente un tanque en toda una semana acabó por llegar a alguna alta esfera; cuando los trabajadores llegaron a la fábrica la mañana siguiente, se encontraron con un equipo de desmantelamiento que estaba embalando la maquinaria en camiones, además de un pelotón de la NKVD con cuatro cajas de fusiles Mosin Nagant. Así que la gente del Taller 23B marchó al frente, tirando de su tanque colina arriba con un tractor. Ningunos de los trabajadores sobrevivió a la guerra, y no se volvió a ver el tanque."
"La historia se habría perdido para siempre si no hubiese coincidido que un responsable de otra factoría (que sí habia tenido la previsión de esconder una docena de motores diesel "por si las moscas") tenía la costumbre de almorzar con el gerente del 23B y por boca de éste se enteró de la odisea, relatándola después en el folleto mencionado."
La persona que cuenta esta historia se quedó tan impresionado que acabó montándose él mismo un modelo del KV-½, basándose en el dibujo y el relato, y aquí podéis ver el resultado:


Sorprendente, ¿no?






